
El email es una herramienta de marketing excepcional. Y los emails transaccionales son la joya oculta. Todo el mundo los abre pero casi nadie los trata como…
¿Tenemos todos la misma idea de lo que significa la transformación digital, qué implica o qué exige? La respuesta es, simplemente, “no”. Tendemos a meter en ese cajón preocupaciones muy distintas sobre nuestras empresas y el futuro inmediato. Toca reencuadrar el concepto.

David Bowie fue, probablemente, el músico más influyente del siglo XX. Basta un vistazo a su carrera para comprobar su capacidad asombrosa de transformarse, adaptarse, explorar y abrir caminos. Hay un capítulo de su historia que mucha gente fuera de su círculo de fans desconoce.
Concibió, financió y lideró un proveedor de servicios de internet llamado, cómo no, BowieNet. En 1998, el Duque Blanco lanzó un servicio de pago para internet por marcación. Ya sabes: de los que pagabas mensualmente para conectar tu viejo módem chirriante a la vasta, inexplorada, rebelde y libre World Wide Web.
Por 19,90 dólares al mes tenías un servicio parecido a lo que ofrecía AOL, más:
Fue un precursor de SecondLife, WoW o, por qué no, del extravagante e inútil Metaverso. BowieNet sentó las bases de servicios de arte, medios y entretenimiento como Spotify o Netflix. Ofreció identidades virtuales únicas (skins) y espacios de comunidad que inspiraron la cultura pop y los videojuegos, desde Los Sims hasta Fortnite. También se adelantó a las conversaciones directas entre artistas y fans que hoy vemos en redes sociales, de Instagram a Onlyfans.
Y estableció una identidad de marca extraordinaria, altamente codificada, que iba mucho más allá de la producción artística.
BowieNet fue un proyecto pionero que innovó en muchos niveles. Nunca escaló más allá de un experimento de nicho y no fue un éxito comercial. La innovación no siempre da sus frutos.
Ir por delante de tu tiempo puede fastidiarte tanto como ir por detrás.
En una magnífica entrevista de 1999 con Jeremy Paxman de la BBC, el hombre que cayó a la Tierra compartió su visión sobre lo que el futuro traería en la intersección de tecnología y arte:
“Una obra de arte no está terminada hasta que el público llega a ella y añade su propia interpretación. De lo que trata la obra es del espacio gris del medio. Ese espacio gris es de lo que tratará el próximo siglo.”
La transformación digital no es nada. Y es todo. Es construir ese espacio gris intermedio. Es adoptar tecnología para que opere sobre la realidad, creando los huecos adecuados para que nuestros clientes los llenen y dejando que sean ellos quienes definan lo que nuestra marca es realmente.
La transformación digital NO consiste en:
La cuestión es, en cambio, una mentalidad operacional.
“Damos forma a nuestras herramientas, y después ellas nos dan forma a nosotros.”
Marshall McLuhan (vía John Culkin)Profundicemos en una idea que debería cambiar la forma en que gestionamos la tecnología y las marcas: avanzamos de espaldas hacia el futuro. A medida que se crea nueva tecnología, esta empieza a generar cambios, operando sobre la realidad y, lo que es más importante, sobre la identidad. Altera la forma en que nos entendemos a nosotros mismos, cómo nos relacionamos. Nuestros hábitos de consumo. Nuestra idea de lo que es el trabajo. Los valores, los beneficios, las razones y los impulsos irracionales detrás de nuestras decisiones.
Nunca podemos ver esos cambios mientras ocurren. Solo medimos los resultados como un hecho dado. Piensa en lo diferente que se siente el mundo ahora comparado con hace diez años. ¿Cuántas predicciones valientes de expertos te encontraste en el camino que resultaron ser completamente erróneas?
Lo que percibimos como “el futuro” es, en realidad, la última instantánea de nuestro pasado más reciente. Vivimos la realidad mirando por el retrovisor. Lo mejor que podemos hacer en beneficio de nuestras organizaciones, estrategia y operaciones es entender nuestro contexto, los medios, los mensajes y la interacción entre esos espacios.
Eficiencia y Optimización, dos palabras favoritas de los gestores de todo el mundo, son un subproducto de la estrategia, la visión y la ejecución. Son herramientas, no objetivos. Entiende el espacio que te conecta con tu audiencia antes de decidir qué tecnología creará el mejor puente.
Para ayudarte a trazar planes y prioridades, echa un vistazo a nuestro servicio Voilà.
El término “transformación digital” da a entender que podemos decidir cambiar a través de la tecnología. En realidad es al revés. A medida que la tecnología evoluciona, nosotros cambiamos constantemente, y lo mismo nuestros clientes, nuestra cultura, nuestras prácticas, procesos y potencial. Eres tú quien está siendo “transformado digitalmente” todo el tiempo.
Ya no se trata de ponerse al día. Es una práctica. Y nunca termina.
Deberíamos obsesionarnos menos con las herramientas y más con lo que queremos conseguir, cuándo y qué estamos dispuestos a hacer para lograrlo. Siempre estamos empezando y volviendo a empezar.
Así que tranquilos, y a abrazar los c‑c-cambios.