El coste oculto de no hacer nada
Descubre los costes ocultos de no hacer nada para impulsar el crecimiento de tu eCommerce y aprende a distinguir cuándo estarse quieto puede doler más que…
En el Digital 1to1 Special Edition, Santiago Melluso (TakeFortyTwo) y Gabriela Herrera (Commerce) presentaron el caso de migración de EGO. Esta es una síntesis de lo que se contó sobre el escenario.

EGO es una marca británica de fast fashion de segunda generación. La familia reconvirtió una zapatería de barrio en una marca de calzado y ropa orientada al público joven de Londres, especialmente para la vida nocturna. El crecimiento viral llegó cuando artistas de música urbana empezaron a llevar sus productos de forma orgánica, lo que derivó en un flujo constante de user-generated content y posicionó la marca entre las DNVB de referencia en Reino Unido.
El problema llegó cuando la plataforma dejó de acompañar al ritmo del negocio. EGO no dispone de PIM ni de ERP, y opera íntegramente en digital. Con ese escenario, gestionar un catálogo que lanza colecciones cada dos o tres semanas empezó a generar fricción operativa. El equipo de marketing necesitaba publicar contenido mucho más visual, con más integración de vídeo y redes sociales, y cada cambio dependía de un equipo técnico que quería experimentar con IA y personalización, pero que vivía bloqueado por ciclos de desarrollo largos. A ese cuadro se sumaban las particularidades del vertical: alta tasa de devoluciones, soporte intensivo y la necesidad de interconectar la información entre muchas herramientas distintas.
Como resumió Santiago, el equipo técnico de EGO no quería preocuparse por que la plataforma funcionara; quería preocuparse por que evolucionara.
EGO tomó la decisión de migrar cuando el negocio estaba en uno de sus mejores momentos. Una decisión valiente, porque no todas las migraciones salen bien, y hacerlas en plena curva de crecimiento añade presión. La pregunta que sostuvo el proyecto, y que dio título à la charla, fue si se podía migrar de plataforma, adoptar tecnología puntera, expandir la marca a seis mercados y seguir creciendo a nueve cifras. La respuesta, adelantada como spoiler al inicio, fue que sí.
EGO no llegó a una arquitectura headless por moda. Llegó porque tenía requisitos concretos que una plataforma monolítica tradicional no podía cubrir sin desnaturalizarse. El equipo técnico quería control sobre el frontend y libertad para integrar herramientas específicas en cada capa del ecosistema.
El stack quedó organizado con BigCommerce como motor central, que gestiona productos, pedidos, promociones, checkout, clientes, siete storefronts localizados, múltiples divisas y la aplicación móvil, además de los marketplaces. A partir de ahí, cada capa fue elegida por su capacidad específica:
La consigna del cliente fue clara desde el principio: no vender menos, no romper nada y no tener que hacer un rollback a Magento. Fácil de pedir, más complicado de ejecutar en plena temporada alta.
El enfoque tuvo varias piezas. En el sitio principal de Reino Unido, que concentra la mayor parte del tráfico, se hizo un despliegue gradual con lotes mensuales del 5% de tráfico redirigido desde Magento a BigCommerce, lo que permitió validar estabilidad y rendimiento a cada paso. En paralelo se lanzaron los storefronts de los mercados internacionales y la aplicación móvil, empezando por los más pequeños y avanzando hacia los de más volumen.
La migración SEO se hizo con el equipo de marketing del cliente y de forma muy rigurosa, para preservar el tráfico orgánico de un catálogo masivo. La caída esperable rondó el 10%, una cifra baja para un replatforming de este calibre, y se recuperó rápido porque el nuevo sitio era más rápido y su contenido, mucho más rico.
Durante todo el proceso se usó Noibu para monitorización continua de cada sesión, detectando errores y cuantificando el impacto en ventas perdidas, lo que permitió tomar decisiones rápidas sobre qué priorizar en el checkout y en las páginas críticas.

Los números son el mejor resumen del proyecto:
Más allá de los números, el cambio cualitativo es el que más ha pesado en el día a día. El equipo de marketing tiene una autonomía que no había tenido antes, el equipo técnico puede volver a experimentar con IA y personalización, y la compañía dispone de una hoja de ruta de iniciativas internas que antes eran inviables por tiempos de desarrollo.
Con la base ya en producción, EGO está invirtiendo en A/B testing y optimización de conversión como práctica continua, no como proyecto puntual. El plan contempla nuevas aperturas internacionales, pilotos de herramientas en mercados pequeños antes de llevarlas a los principales, y un espacio creciente para experimentar con IA. La arquitectura composable les da la opción de sustituir cualquier pieza del ecosistema sin rehacer el resto, que es la virtud práctica de este esquema más allá de la etiqueta.
La primera, contraintuitiva, es que el mejor momento para empezar a construir una cultura de cambio y evolución es cuando las cosas van bien. Tener capital, menos presión y menos urgencia permite tomar decisiones más razonadas, sin el incentivo perverso de migrar porque la plataforma actual está cayéndose o porque el soporte ya no llega. La transformación digital no existe como proyecto; existe como práctica permanente.
La segunda es que muchas de las capacidades que antes solo estaban al alcance de grandes consultoras hoy están disponibles para equipos pequeños y remotos como el nuestro. El coste de acceso a tecnología puntera ha bajado de forma significativa, y una empresa de tamaño medio puede competir en igualdad de condiciones técnicas con organizaciones mucho más grandes. El resto —visión, estrategia, inversión en marketing, posicionamiento— es otra conversación, pero la tecnología ya no debería ser la excusa para competir peor.
La tercera es que las migraciones siguen siendo proyectos difíciles, y eso no va a cambiar. Lo que se puede cambiar es el marco en el que se ejecutan: elegir una plataforma con un ecosistema maduro de integraciones, hacer un due diligence riguroso, tener un plan realista para competir con empresas mucho más grandes y rodearse de una agencia con experiencia en el stack. Esa es la diferencia entre una migración con margen para ir bien y una que se convierte en un problema operativo.
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