
Un millón de pequeñas cosas: cómo los detalles marcan la mayor diferencia en la vida, en el amor y en los negocios, y por qué el microcopy es, en realidad, una…
Las cosas cambian constantemente. Pero no cambia el hecho de que la mejor manera de entender y motivar a los clientes es centrarse en la realidad. Sigue leyendo: fantasías del marketing más habituales, un esquema para mapear campañas (y clientes) e historias sobre emperadores romanos.

Entender las motivaciones de tus clientes es el mayor superpoder del marketing. Te permite conectar de una manera que les lleva a hacer clic — no para manipularles, sino para satisfacer de verdad sus necesidades y deseos. Pero no es fácil. La mayoría de las veces, ni siquiera somos conscientes de nuestras propias motivaciones. Mucho menos de las de visitantes anónimos a un sitio web digital e intangible.
Hay un recurso narrativo que todos hemos visto en series, películas e historias, desde Superman hasta Jefe Infiltrado: alguien rico, famoso, poderoso, o todo à la vez, se camufla entre la gente corriente con un disfraz a medias. Es lo que se conoce como el “rey de incógnito”.
Una versión particular cuenta la historia de César Augusto, heredero de Julio César y primer emperador romano. Un tipo tan grande que le puso su nombre a un mes. Una vez al año, el todopoderoso emperador se disfrazaba de mendigo para recorrer las calles de la ciudad y mezclarse con la gente. No está mal para mantenerse con los pies en la tierra siendo el mayor gobernante del mundo conocido. Vivió en primera persona lo que funcionaba y lo que no. El pulso de las calles, la comida, los olores, las alegrías, las frustraciones, las quejas, el caos, la obediencia, la vida y la muerte.
Los romanos eran sus clientes. Y los escuchaba con atención. Hacía las preguntas correctas. Buscaba las motivaciones ocultas. Encontraba los patrones. Era investigación pura, de la de toda la vida. Y con ella tomó decisiones informadas que levantaron un imperio.
Avancemos dos mil años. Tenemos más herramientas que nunca para entender a las personas a las que necesitamos persuadir y conquistar. Algunas son extraordinarias. Otras, muy populares, ya no tienen ningún sentido.
Las buyer personas son inútiles. Son entretenimiento para marketers con vocación de escritores de ficción. Y muy útiles para agencias que quieren engordar el contrato con servicios vagos.
Laura, 42 años, madre de tres hijos, le gustan las escapadas de fin de semana y practica krav maga. Peculiar pero profesional, no se considera muy puesta en tecnología, aunque se maneja bien con ella.
¿Esto para qué sirve?
Hemos analizado docenas de sitios web de marketing e investigación UX líderes en su sector para escribir este artículo. En todos ellos se repiten un puñado de argumentos a favor de los buyer personas. Por ejemplo:
Saber quién visita tu web te permite crear experiencias personalizadas
Poco convincente.
La personalización es programática. Se basa en grupos, no en personas. Que un email empiece con “Hola, |FNAME|” ya no impresiona a nadie. La personalización más avanzada, con herramientas como Bloomreach, AdvancedCommerce y similares, se basa en actividad de compra concreta y en algoritmos predictivos y autocorrectivos. Te permite aplicar técnicas de merchandising del mundo físico en un sitio web: alterar la posición de productos o categorías para facilitar el acceso y la conversión. En pocas palabras, lo que el cliente quiere ver aparece “automágicamente” primero.
Cuando hablamos de personalización, la demografía, las ideas religiosas o los gustos culinarios son irrelevantes. Disponemos de tecnología para descubrirla por nuestra cuenta y para cada usuario individual.
Tener una historia de cliente te ayuda a empatizar
Mentira.
Pensemos en nuestro trabajo. El marketing se reduce a tres cosas: un diagnóstico preciso, una estrategia clara alrededor de ese diagnóstico y una ejecución con las mejores tácticas posibles.
La publicidad consiste en contar historias que generen empatía.
El diseño es resolver problemas de una manera que sea bonita y, con suerte, memorable.
La tecnología no es más que otra herramienta de diseño.
Las ventas son el arte discreto de sembrar en alguien una necesidad de consumo y crear después el entorno para satisfacerla.
Cualquier persona que trabaje en cualquiera de estas áreas necesita una capacidad razonable de empatizar. Si necesitamos una colección de post-its y plantillas para recordar que estamos hablando con personas, el problema es mayor de lo que creemos.
Los buyer personas te ayudan a tomar decisiones de diseño
Un sinsentido.
El diseño lo guían una mezcla de tendencias, preferencias personales y — salvo que trabajes con un diseñador verdaderamente excepcional — los límites de nuestras propias habilidades técnicas y nuestra creatividad.
Las user stories — la lista de lo que un tipo de usuario concreto podría querer hacer en una app o sitio web — son las que guían las decisiones de diseño. Los user personas, ya sean completamente inventados o inspirados en la vida real, no lo hacen.
Fomentar la colaboración: los user personas unen a los equipos bajo una comprensión compartida de para quién están diseñando, eliminando silos y alineando objetivos.
Textual. No sé ni por dónde empezar con esto.
Sigamos.
Barney viene a jugar
cuando lo necesitas,
Él también te ayudará
¡Si crees en fantasías!
Hay un 99,9% de probabilidades de que quieras vender más. Algunos son muy buenos vendiendo espejismos. Fata Morgana. La mayoría lo hacemos mejor cuando podemos vender un buen producto, de una marca inteligente, con un propósito claro, a un cliente que lo necesita.
Somos muy fans de lo real. Empresas de verdad haciendo un trabajo sencillo, discreto y bueno.
Tienes campañas. Tienes datos. Eso también es muy real. Unas son subjetivas, artísticas, persistentes, y requieren una estrategia de marketing que crea en sí misma. Los otros son objetivos, accionables, medibles.
Podemos entender las fluctuaciones si analizamos causas y efectos.
Vemos un patrón distintivo en las estrategias de nuestros clientes: una desconexión entre medios tradicionales (TV, radio, prensa, publicidad exterior), publicidad digital (de Google a TikTok, del PPC al programático) y marketing digital (email, redes sociales, SEO, inbound marketing).
El marketing tradicional es el juego a largo plazo. La publicidad digital, son herramientas de activación a corto plazo y picos de ventas. Y todo lo demás es una especie de branding intermedio relleno de “lo que hay que hacer”.
A las empresas les cuesta hacer planes a largo plazo y aún más mantenerlos. Especialmente cuando los resultados no son los que habíamos imaginado: o muy pequeños o demasiado lentos. Necesitamos un objetivo, una brújula y un mapa. Un buen punto de partida es el Modelo PESO, por sus siglas en inglés, de Gini Dietrich.
En esencia, el modelo organiza todos los canales de medios disponibles en cuatro categorías: Pagado, Ganado, Compartido, Propio (o Paid, Earned, Shared, Owned). Y te da una comprensión más clara de cómo distribuir los esfuerzos — tiempo, presupuesto, creatividad — entre estos canales y categorías.
Lo aplicamos en nuestras propias estrategias. Resultados clave:
También nos permite planificar pequeños sprints de campaña y medir resultados. Una publicación popular sienta bien, pero difícilmente genera impacto. Es más vanidad que branding. Los resultados llegan cuando consigues una racha larga de acciones “suficientemente buenas” que se sienten omnipresentes y han sido planificadas, tienen un propósito, están adaptadas, son amplias pero concretas y comparten un plan común.
Hay una manera de agrupar clientes mucho mejor que los buyer personas.
Se llama análisis RFM y lleva ya varias décadas vigente, desde que lo adoptaron los profesionales del marketing correo postal.
El RFM es clave para agrupar clientes con una base más firme que simples intuiciones. Son las siglas de Recency-Frequency-Monetary: cuándo fue la última vez, con qué frecuencia, cuánto dinero.
Este modelo de puntuación de clientes nos ayuda a predecir con una precisión razonable cuándo un cliente va a comprar y cuán vinculado está a nuestra marca, para poder hacer algo concreto al respecto.
No hay dos empresas iguales. Y cada vertical tiene su propio conjunto de retos, cadencia de compra, escenarios de compra recurrente, variabilidad o previsibilidad, y así sucesivamente.
Lo bueno del RFM es que, una vez que entiendes el modelo de puntuación y encuentras el software adecuado para cualificarlo, puedes adaptar los grupos como quieras.
Esto, a su vez, te permite crear subconjuntos de tácticas de activación que encajan en cada uno de estos ciclos.
Incluso puedes crear categorías basadas en canciones de The Killers.
Por ejemplo:
Puedes hacer esto hasta clasificar todos tus clientes en grupos de acuerdo a cuándo fue la última vez que compraron, con qué frecuencia y cuánto dinero han invertido en tus productos. Diagnóstico específico basado en datos precisos y medibles.
¿Ves? Es un framework de campeonato. 😎
Que algo sea común o esté ampliamente aceptado como buena práctica no significa necesariamente que funcione.
Nunca tuvimos más tecnología al servicio de nuestras ideas que ahora. Y aun así, es fácil perderse en un mar infinito de opciones, y aún más fácil caer en soluciones genéricas.
Pero las cosas han cambiado. Ya no puedes meter dinero en un solo canal y esperar resultados.
Es un juego en el que hay que estar en todas partes, hacerlo todo, y hacerlo todo bien.
Hace falta valentía, buena guía y mucha persistencia para romper el espejismo.
Nuestro equipo puede ayudarte a analizar y crear los grupos, configurar el modelo RFM y el Modelo PESO, integrar el software adecuado para el análisis y el seguimiento en tu stack tecnológico de eCommerce y/o formar a tu equipo.